Hacia un saber sobre el alma de María Zambrano

En este libro, María Zambrano reunió una serie de artículos que alumbran el nacimiento de su razón poética . Para quien no la ha leído es, quizá, el mejor principio, pues siendo publicaciones dispersas, las juntó conforme a una unidad y una progresión interna en la que el único ensayo que se atiene a la cronología es Hacia un saber sobre el alma, que fue escrito el primero, antes de la guerra civil, antes del exilio. El libro se publicó en 1950 y su pensamiento, que no es sino el germen de toda su fenomenología de lo divino, fue refrendado por ella misma en la reedición de 1986 (la que ahora se publica).

Se pregunta, entre otras cosas, por la Filosofía y su razón de ser para nosotros y, ante este requerimiento, aclara que “justificarse no es otra cosa que mostrar los orígenes, confrontar el ser que se ha llegado a ser, con la necesidad originaria que le hace surgir”. Así procede, tanto en lo que a la filosofía, en general, se refiere, como a la suya propia. Y en un ejercicio de coherencia personal a todos los niveles, María Zambrano arranca con el interrogante de si es posible para el hombre ordenar su interior y nos va desgranado el por qué de esa pregunta, al tiempo que, paralelamente, vemos crecer los elementos que conformarán su corpus filosófico. En los siete primeros ensayos, como si de un largo poema se tratase, va concatenando los conceptos que atañen al alma humana en el afán de perdurar y reconocerse, en la necesidad de encontrar un territorio, un camino que no sea únicamente el de la razón o la naturaleza. María va despejando esa senda. “Quien escribe, acalla sus pasiones y, sobre todo, su vanidad”. Filosofía, Religión y Poesía se cruzan. La Poesía como lenguaje primero que nace unido a lo sagrado. Ambas preceden al pensamiento y abren espacios que recuerdan el origen. Forma, fondo y ritmo están en la base de las tres con profundas conexiones entre ellas, mal que les pese. Y el sistema como aspiración del pensamiento. Sistema que también el alma requiere, que el hombre y la mujer buscan para poder orientarse.

Particularmente hermoso y quizá el núcleo central de las entrañas filosóficas de María Zambrano en esta obra es el ensayo “La metáfora del corazón (Fragmento)”. En él, el corazón en llamas, el corazón herido, el corazón que pesa (su pesadumbre) es el que se da y quiere darse. La Filosofía nació para romper el misterio. La palabra no es sino trozo de un discurso discontinuo del pensamiento y está fuera del tiempo. El corazón siempre está ahí, en su espacio interior, sin otra huida que el amor, la esclavitud. Nuestros místicos pasean por todo estas líneas. Y los Románticos.

Habla de las formas de expresión filosófica, reparando especialmente en la Guía para Perplejos, dándonos una sutil definición de la perplejidad y su inevitabilidad. No olvida los poemas filosóficos, que además no responden al Método tan requerido por el pensamiento. Y todo su libro tiene algo de guía y mucho de poema. Es como una corriente que recorre y une cada ensayo.

Al hilo de la Vida en crisis, donde desarrolla ontológicamente la relación del alma con la realidad y su consiguiente inquietud, en el siguiente ensayo se acerca a Freud. Es un placer seguirla en su animadversión al freudismo (no necesariamente porque la comparta). Nada como sus palabras. “…difundió, con la seducción literaria que le prestaban los mitos trágicos a que acudía, y aún acrecentó, el mal terrible; pero no pudo curarlo”. Más adelante Platón y su ciudad ideal, frente a la ciudad de Dios, “germen de los anhelos revolucionarios”. Plotino con los estoicos favoreciendo el triunfo del cristianismo. Y la potencia creadora y vital de Nietszche, su retorno a la Naturaleza y a la Poesía con su particular Circe: la Moral. No falta una recriminación, que merece todo un pequeño ensayo, a Lou Andreas Salomé por su prólogo al libro que escribió sobre Nietszche. Y alabanzas al método y a la congruencia en Descartes y en Fichte.

Para terminar, un opúsculo, Diotima de Mantinea, quien probablemente no existió y es citada por Platón como la transmisora de los secretos del Amor a Sócrates. Un poema filosófico en prosa. Del tiempo, el corazón, el amor, la esclavitud, la noche…

Imposible resumirlo. Su búsqueda es única y hay que seguirla por sus profundos, bellos y sabios meandros. Todo un ejercicio de reflexión, espiritualidad y sentimiento.

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