El secreto del mal de Roberto Bolaño

Ocurre con algunos compositores que, no importa el momento del día o de la noche, ni la veleidad del carácter en que te encuentres, suena su música y se te impone, te lleva a su terreno. Puedes no conocer esa obra, no haberla oído en tu vida. Puedes estar tens@ como el cable de acero de un puente colgante, que te abres, te dejas, te vas. Así Bach. Bach es Música. Bueno, pues Bolaño es así a la Literatura. Que no sé qué leer, que el regustillo del último libro tarda en marcharse… Un Bolaño en la recámara, vamos, en el estante de lo pendiente, y a disfrutar.

    El secreto del mal es un libro póstumo. Según informa Ignacio Echevarría en la nota preliminar, consta “de un puñado de cuentos y de esbozos narrativos entre los numerosos archivos de textos -más de medio centenar- que se encontraron en el ordenador de R. B. tras su muerte”. Algunos están aparentemente acabados…, o no. Por ejemplo Músculos es claramente el origen o la primera versión breve de lo que sería Una novelita lumpen, pero es distinto. El que da título a la novela es muy corto, pero a mi modo de ver es perfecto. ¿Que tal vez, si no se nos hubiera ido de aquí, lo cogiese y nos diera otro relato más amplio? Puede ser, pero, como con su muerte, lo importante ocurre antes. Su albacea literario nos ha seleccionado unos escritos, secretos hasta ahora para el público.

   Hay relatos al uso, al uso de Bolaño, claro. Nos cuenta una de zombies que remite a Rimbaud y Jarry; transita de un loco con pistola a los cuadros de Moreau para acabar en una posada cuando era un joven sensible; estira la cuerda floja que una mujer infiel se van tendiendo; escuchamos la rutina y el vacío de un proceso de regreso de las drogas; sabemos de un músico que vuelve con sus padres; de una Daniela, clase media por herencia, sin remisión, sin objeciones, pero con remordimientos; de la elección entre un bronceado o traerse a una criatura del tercer mundo como formas de perder el tiempo…

   Hay otros ya más biográficos, como No sé leer, donde cuento es el nombre que le da al principio y no deja de ser el cuento de cómo regresó completamente a Chile, con su hijo y el pájaro que sólo él, Bolaño, vio. Y, quizá (lo cierto es que no es importante si es o no es así), La colonia Lindavista, donde, al terminar, queda en la mente un cuadro o varios de Hopper pasado por México pasado por Bolaño.

   Tenemos también de Arturo Belano donde el autor asume al personaje o el personaje asume al autor. Como decimos en Galicia “Vai ti saber”. En El viejo de la montaña Belano recuerda involuntaria y recurrentemente un momento de su relación con su sináptico amigo Ulises Lima a raíz de la supuesta muerte de William Burrough y en Muerte de Ulises, Belano vuelve tras veinte años a México y, eludiendo el compromiso que allí le lleva, va a visitar a Lima. Ambos relatos muy en sintonía y con esa relación tan de B. entre la realidad y la mirada, que tanto se funden como se separan..

   Y por último los que son pura literatura: Laberinto, intelectuales de una foto cruzándose en los juegos de observación e imaginación (o perversión, a veces) de Bolaño: Los sabios de Sodoma. donde Naipaul, ese brillante escritor y correoso personaje, se convierte primero en una imagen abrumada por el peso de su obra y después en protagonista de un relato antiguo de Bolaño al tiempo que hace referencia a un escrito del Nobel sobre Argentina y su estancia en este país; Derivas de la pesada, una conferencia que no me cabe duda debió levantar revuelo, donde se atreve con los más importantes escritores argentinos actuales reduciéndoles a tres líneas y reivindicando en todo momento a Borges, pero sin olvidar a Cortázar; y Sevilla me mata, otra conferencia para responder a la pregunta ”De dónde viene la nueva literatura latinoamericana”, al parecer inacabada y qué lastima, ya que donde dice, luego se desdice, para volver a decir. Estos cuatro, un festín que he leído con verdadero regocijo.

   Los demás también, que conste

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5 pensamientos en “El secreto del mal de Roberto Bolaño

  1. Lo he pasado estupendamente con esta colección (póstuma) de relatos, y es que -sin ser tan entusiasta como tú (Bach/Bolaño es quizá algo gaditano por lo exagerado)- Bolaño tiene esa escritura que te deja siempre entre dos mundos. “Crímenes” es media golosina y un final abrupto, y ahí te quedas: con más hambre; Certera su crítica en “Derivas de la pesada” a alguno aun le picará (sobre todo en ausencias: cómo disfruto), pero “Laberinto”, tan perecquiano, colma mis hambres y sedes, que son abundantes. en fin: Encantado; aun espero devorar todo el menú de nuevo antes de despedirme del libro y dejarlo en su lugar de origen.

  2. Pues vaya, que te habrán hecho los gaditanos que los hay de todos los pelos y plumas. Y sí, exagero, ¿cómo no?. Mas me reafirmo, no me pondré respetuosa diciendo en mi opinión. Disfruto comparando peras y manzanas. Y si hay quién las suma, mejor. Y la pesada, seguro que pica y picará. Es lo que tiene el fervor literario, que hierve la sangre.

      • Vale, lector del noroeste. Acepto mi entusiasmo desde la primera acepción de María Moliner y me autoproclamo sibila. A fin de cuentas seguro que fue desde el entusiasmo desde donde Bach creo sus magníficas obras para piano (aunque fueran en clave) y Bolaño siguió y sigue publicando obras después de muerto. El fervor de la chirigota me parece poco inspirado por la divinidad, aunque le reconozco su valía. También me congratula hacerte sonreír…

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