Calidoscopio de Ana Mª Arellano Salafranca

Calidoscopio

Calidoscopio es la segunda colección de cuentos que publica Ana M ª Arellano, la primera, Menú de degustación, escrita en gallego -segunda lengua de esta autora afincada en Galicia desde 1978- hacía honor a su nombre con entrantes, dos platos, sobremesa y licores. Calidoscopio también se ajusta al título, no solo por la multiplicidad de miradas que como un “calidoscopio” intenta darnos en cada cuento, se ajusta, incluso, etimológicamente por lo bello de muchas de las imágenes que crea. Por ejemplo el sereno y sugerente amanecer de “Sábados perezosos” y, mi favorito, “Cumpleaños”, donde, sutilmente, se condensan muchas de las cualidades de Ana : sensibilidad hacia el otro o la otra, delicadeza en el trato, empatía y versatilidad -fundamental para “calidoscopiar”- y un profundo respeto. De ahí que se mueva con soltura y, sobre todo, naturalidad en temas más bien espinosos y difíciles que soslayan las etiquetas por su buen hacer.

       El primer relato que da título al libro está encabezado por una afortunada definición del simbólico instrumento:

      Tubo que contiene varios espejos de historias en ángulo y cristales de palabras irregulares; al mirar por uno de sus extremos se ven combinaciones simétricas que varían cuando se gira el tubo.

      Ya nos avisa de que son cuentos, si no corales, sí plurales. También, como las imágenes que cada uno ve por el ojo del instrumento, se demuestran intransferibles y exponen la incomunicación entre los cuatro puntos de vista definidos en sus distintas entradas. En el siguiente “El Palmo. Romance a tres voces” las voces se funden para caminar juntas, pero en soledad. La soledad transita por cada uno de los relatos. Y la fatalidad -no tan inocente- determina “Semáforo” y “Juego de espejos”; el aislamiento, las tan dispares y duras posiciones de “En tiempos de Bonanza”, tres posiciones correosas de contar y resueltas sin ñoñerías ni lugares comunes; el desengaño respira en “Despertares asonantes”; el juego, un poco perverso, en “Anatomía figurativa”; la sensualidad y la sexualidad entre traviesa y culpable en “Cuando saltan los delfines”.

         Un libro sumamente grato, pero no por eso sencillo. La palabra fluida y nada impostada con que narra Ana Arellano suena a esas historias que se cuentan en voz baja para que se recuerden.

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Un pensamiento en “Calidoscopio de Ana Mª Arellano Salafranca

  1. Acertada reflexión de los relatos de Ana. Conocia muchos de ellos y me ha encantado poder disfrutarlos en esta bonita edición. Hablaremos con calma de su mirada calidoscópica.

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