Vida de una mujer amorosa de Ihara Saikaku

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Este es de esos libros comprados por impulso. Como siempre una estupenda edición de El Sexto Piso, preciosas guardas rojas, dibujos sencillos en blanco y negro en el interior, una bonita portada y una contraportada acertada con la mención de que junto a La historia de Genji -que espera impaciente en algún estante que me haga con ella- es uno de los relatos mas bellos de la literatura japonesa antigua. Son un buen puñado de motivos para desembolsar rápidamente los euros correspondientes y salir huyendo de la librería a riesgo de seguir aumentando mis gastos, algo que no conviene en absoluto.

          Ihara Saikaku vivió en la segunda mitad del siglo XVII, en pleno periodo Edo. Mientras en Europa se siguen cazando brujas, y misioneros y comerciantes amplían horizontes allende sus fronteras, en Japón están prohibidos los libros extranjeros y, desde 1641, portugueses, españoles y holandeses y, posteriormente, todos los cristianos dejan de tener acceso al país. Esta situación, sakoku, establecida por el shogunato Tokugawa o Edo (ahora Tokio), se mantuvo hasta mediado el siglo XIX cuando se interrumpe por la tenacidad de un estadounidense (quien dice uno, seguro que dice unos cuantos…). Y es en el periodo más virulento del sakoku, en sus comienzos, cuando escribe Saikaku -vive entre 1642 y 1693-. Fue un gran versificador, no sé yo en calidad, mas en cantidad parece ser que no tuvo rival, e inició lo que aquí se traduce como las novelas del “mundo flotante”, ukiyo. Estas estaban escritas en kana -silabario fonético japonés- más asequible y por tanto popular que el kanji -logogramas- y por ukiyo se refiere a un estilo de vida urbano entregado al placer, la vanidad, la pereza…, como muy bien define el traductor “… a lo efímero y fortuito de la existencia (…), un mundo sin asidero moral ni certezas.”. Vida de una mujer amorosa pertenece a este género de ficción y se estructura en seis libros, que a su vez constan de una introducción y un inventario donde se adelantan los acontecimientos narrados en los cuatro capítulos que conforman cada una de las seis partes. Saikaku es el primer escritor de una nueva clase, la burguesía japonesa, los chönin, y refleja su nuevo entorno: la protagonista de esta historia procede de esa nueva clase ya que es hija de un caballero venido a menos y vive en la ciudad.

          La voz que conduce el relato sigue a dos jóvenes hasta el refugio de una anciana quien les hablará sobre el amor como experta en este arte. Autotildándose frívola a los 10 años por sus caprichos y aspiraciones, su vida como dama de honor en la corte hace que ya a los 13 años un hombre sea ejecutado por su causa y ella sea desterrada. A partir de ahí la seguimos en su pendiente pasando de los jerarquizados y selectos burdeles -donde hay distintos rangos de prostitutas y pasa por ellos-, a concubina, monja, sirvienta, etc. e incluso esposa, siguiendo siempre tanto la protagonista como los distintos relatos una corriente suave, que se desliza con un lenguaje sencillo y plástico, una especial atención al vestido y todo lo superfluo punteada de lacónicas y amargas pinceladas, una mezcla de sexo y lírica –se puede hacer el amor hasta extinguirse-, áspera y suave –A una chica de los baños no se la debe juzgar de la misma manera que a una cortesana. El entretenimiento con ella no consiste en limpiarse la roña del cuerpo, sino en hacer que nos rasque las pasiones que nos atormentan, permitiendo que la corriente del agua las arrastre-, terrenal, muy terrenal, nada hipócrita -no así monjes o aristócratas que caminan por el lecho-, detallista -hasta el precio por intercambio, lugar, y otras menudencias tal ropa-. Y entre las vivencias de la mujer, los cuentos procaces se van desgranando. Una estupenda pintura, precisa, de los intercambios amorosos a los que la mujer estaba abocada allí y entonces desde su naturaleza. Naturaleza femenina, indigna y vil, si bien en algún momento “lo arregla”: No hay dolor comparable al de ser mujer. Más de lo mismo en Japón que en Occidente. No obstante, una delicatessen, no etérea, delicada como un haiku, pero interesante, amena, curiosa, muy ilustrativa. Y una estupenda traducción suficientemente anotada.

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