Un cuarto propio de Virginia Wolf

Un cuarto propio

 

En 1928 le encargaron a Virginia Woolf una conferencia sobre las mujeres y la literatura que daría lugar a Una habitación propia, publicada en 1929. Mientras, terminaba Orlando y, posteriormente, durante la corrección de las pruebas de este cuarto propio, avanzaba en lo que entonces titulaba Las falenas y que acabaría siendo Las olas. En 1928 Ulises ya tenía 6 años, La montaña mágica 4, la generación del 27 estaba en pleno fulgor, acababan de ver la luz póstumamente los últimos dos libros de En busca del tiempo perdido, Faulkner escribía El ruido y la furia y algunas grandes escritoras contemporáneas contaban con una voz reconocida y respetada: Katherine Mansfield, Willa Cather, Edith Wharton, Colette… En el 28, en el Reino Unido acababan de aprobar el voto femenino a partir de los 18 años, el sempiterno tema estaba -o seguía- en la palestra y Virginia, que no consideró el asunto baladí, no se conformó con dar una respuesta convencional pues el tema, como ya expone en la primera página, abría varios frentes. Desecha todos ellos, adelanta su conclusión y explica a través de una estrategia de diversificación de distintas y posibles identidades femeninas cómo llegó a esta simple, pero conspicua, certeza: … para escribir (…) una mujer debe tener dinero y un cuarto propio.

            Aborda el tema desplegando una ficción en la que se vale de nombres aparentemente al azar y cuasi anónimos: … Y allí estaba yo, díganme Mary Benton, Mary Seton, Mary Carmichael… y va desplegando un hilo conductor firmemente enlazado a la realidad pasada y presente. Con fina, medida y precisa ironía, Virginia Woolf, de la mano de Benton, su álter ego que afirmará encontrar más importante una renta de 500 euros anuales que el voto, divaga sobre el tema y también por un césped que resulta ser para uso exclusivo del Profesorado y el Magisterio; posteriormente ve vedado su acceso a la Biblioteca donde su errar mental y físico la han conducido para hacer una consulta. El idílico entorno, el tenaz y masculino contexto, el erudito y ingenuamente sagaz discurrir de Benton son expuestos con aparente ligereza, inteligencia traviesa, y gentil, aunque mordaz, desapego.

          A lo largo de seis capítulos, Woolf va enlazando, hasta sus días, la historia de las mujeres y de algunas autoras, desde el periodo isabelino, en cuyos tiempos, una supuesta hermana de Shakespeare -una mujer de talento- habría contado con tres alternativas: bruja, loca o suicida-; el deseo de ser anónimas -como las 3 Marys recogidas de una balada del siglo XVI- o veladas (Curren Bell, Eliot, Sand)- y la gran presencia de la mujer en la poesía así como su total ausencia de la historia; compara emociones que enturbian la obra en ambos géneros -la ira- o en el masculino -la vanidad-, analiza una supuesta novela del momento, su autora Mary Carmichael, y, a partir de ella, apunta la necesidad de una visión propia, no solo de la realidad, también del otro sexo; se pregunta si no será la falta de tiempo y de espacio uno de los motivos de que sea precisamente la novela el género más frecuentado por las escritoras, etc, etc, etc.

          Un compacto mosaico en el que la gran escritora que fue Virginia Woolf expone con claridad y gran riqueza un tema aún jugoso. Hacia el principio, durante un almuerzo estupendamente abastecido, acompañada por la crème de la crème de la universidad, Benton repara en la pérdida de algo en el ambiente, algo que se ha desvanecido tras la Gran Guerra y después, dejándose llevar por su cavilaciones y por sus pasos, llega al colegio de señoritas donde, Mary Seton entre otras, les sirven una escueta cena. Hacia el final del libro, con la madeja devanada, constata que, además de al trabajo de tantas mujeres en el pasado, … gracias a dos guerras, la de Crimea, que sacó a Florence Nightingale de su sala, y la europea, que abrió las puertas a la mujer común unos sesenta años después, esos males -los que afectan a su independencia económica- van en camino de mejorar. Todo está conectado en este breve ensayo que por momentos adopta tono de cuento humorístico -quizá tenga algo que ver su coescritura con Orlando-.

          En cuanto a la traducción: es de Borges. Tanto él como la traductora de la edición Una habitación propia traducen la conferencia de Virginia Woolf  Women and fiction como Las mujeres y la novela, siendo, en mi opinión, lo correcto, en general, “Las mujeres y la literatura”. El término novela restringe el campo semántico y cuando Virginia Woolf se quiere referir a ella -por ejemplo, cuando se pregunta sobre el porqué de la mayor inclinación de las escritoras por la novela- escribe “novel” y no “fiction”. Borges me perdone. O su madre, que con él nunca se sabe…

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