Lo bueno de la verdad y La teoría King Kong de Virginie Despentes.

Lo bueno de verdadTeoría KingKong

Virginie Despentes saltó a la fama internacional gracias a la película Baise-moi (Fóllame) que, en Francia, fue polémica, perseguida y finalmente prohibida para los menores de 18 años -el cine porno se puede ver a partir de los 16-. No hay mejor publicidad -aquí casi que me dan ganas de decir marketing-. Lo bueno de la verdad es su tercera novela; la primera, la que le abrió las puertas del mundo editorial, fue Fóllame, publicada siete años antes de filmarla la propia autora. Y, como nos cuenta en La teoría King Kong, es a un crítico del Fóllame escrito a quien debemos el título de la novela que nos ocupa, pues, condescendiente y didáctico, citó a Renoir: Les films devraient être faits par de jolies femmes montrant de jolies choses (“Las películas deberían estar hechas por chicas bonitas mostrando cosas bonitas”). Quiero imaginar que la traducción fue consensuada con la autora, pero no le veo yo ningún aquel con Lo bueno de verdad. Le quita a este cuento perverso, deslenguado y personal, una buena dosis de la picardía que encierra.

      Dos hermanas, Claudine y Pauline, recién llegadas al mundo de la farándula musical parisina. Cada una se adapta a su manera y acaban superponiéndose a pesar de sus opuestos caracteres dentro de una trama de suplantaciones. Posibles desdoblamientos de Virginie Despentes que sin duda guarda más -por ejemplo en Bye, bye, Blondie-. La prostitución, la pornografía, las drogas, la imagen, el sufrimiento por la imagen, el peso de la imagen, la imagen al natural o disfrazada, el uso de la imagen, la dependencia de la imagen… Entorno, una industria, la que ella dice conocer mejor, la musical, y lo que gira o se enreda alrededor de ella.Todo desde un apartamento en un barrio marginal, de mayoría emigrante y frecuentes peleas.

      Se desarrolla en un año, Despentes dice haberla escrito en unos pocos días y puesta de coca -algún tiempo dedicaría después a pulirla, digo yo, por vulgar que pueda resultar el vocabulario, está bien trazada y resuelta-. Empieza en primavera, el periodo más largo y buena época para el suicidio. Transcurre en presente con algún salto al pasado común de ambas gemelas, pasado en el que también se enfrentan y se alternan en el papel concedido por el padre. Tres figuras masculinas y dos diferentes estrategias de seducción frente a los rituales de dominación masculina -una alienante, otra controlada-.

      El lenguaje sin perífrasis, directo, claro, ágil, eficiente. Centra los diferentes encuadres, sigue primero a la más procaz, acompaña después en su transformación a Pauline, intercala diálogos. Llama a las cosas por su nombre, no busca empatía ni simpatía y va cuestionando actitudes, juicios, hechos, etc., lanzando dardos críticos desde los ojos de sus álter ego. Vamos que da mucho juego y, como tenía a mano la Teoría King Kong, decidí completar mi lectura de Despentes ya que parece poner mucha carne en el asador y de la propia.

      La Teoría King Kong se publicó en 2006. Define primero desde dónde y como quién escribe y a continuación, en general con su propia biografía de fondo -sino en primer plano-, van desfilando diferentes cuestiones, todas ellas con la palabra tabú adherida a su signo. Partiendo de la lógica del capitalismo, apela a la necesidad de una revolución de géneros porque, no solo están presos los cuerpos de las mujeres, el cuerpo de los hombres pertenece a la producción en tiempos de paz, y al Estado, en tiempos de guerra; escudriña en aquello que rodea el concepto de violación como alguien que la sufrió y que aún vive con ella; repasa los preceptos anejos a la ineludible existencia de la violación como un instrumento de poder –esqueleto del capitalismo– y se acerca a las actitudes de las víctimas desde sus propias reacciones y reflexiones a lo largo del tiempo; como exprostituta nada arrepentida cuenta su experiencia, en absoluto dramática, defiende el oficio considerando que este no representa mayor violencia contra la mujer que el matrimonio; da un buen repaso al porno ligándolo a la antaño pretendida inexistencia del placer femenino y la preeminencia del modelo de placer masculino. En resumen, aborda todos los temas incómodos que planean alrededor de la lucha de sexos, enfocando la explotación del varón desde la lucha de clases en la que, cómo no, también están inmersas las mujeres; no se salva los conceptos de feminidad (Puta hipocresía. El arte de ser servil) y de maternidad… Todos asuntos controvertidos, matizables, espinosos, y, aparentemente, los aborda a pecho descubierto. Carente de doble moral y de pelos en la lengua. Contiene argumentos muy suscribibles y otros, no tanto, pero no son temas resueltos por lo que nunca está de más darles un par de vueltas.

      Por último, ¿será criptomnesia el haber llamado Pauline a una de las hermanas, pura casualidad o voluntario? En una de las primeras novelas de Dumas padre, Pauline precisamente, a la protagonista se la toma por muerta…, también son dos hombres los que tiran de ella…

 V Depentes

Crónicas del desamor: La hija oscura de Elena Ferrante

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Es la tercera y última crónica del desamor. Del desamor y de la soledad. De nuevo una mujer de mediana edad que, mientras en El amor molesto se enfrentaba al papel de la madre y en Los días del abandono era el rol de esposa el que la cuestionaba, en La hija oscura desde el título sabemos cual es el papel a desplegar, si bien, necesariamente, las tres representaciones asignadas a la mujer, -madre, esposa e hija- se cruzan, se enfrentan, se buscan, se rechazan.

      Leda se despierta en el hospital. A continuación desgrana, a lo largo de los siguientes 24 capítulos, por qué llegó hasta ahí. Por fin es libre. Las hijas, ya criadas y convenientemente educadas, están en Canadá con el padre, su exmarido, un buen hombre. Las primeras vacaciones sin ataduras y con gratificantes tareas pendientes, además se siente bien, rejuvenecida. Un cierto resquemor de camino y ya el primer fin de semana todo parece torcerse: la playa se llena, la prototípica familia napolitana -tan similar a la suya en la infancia- irrumpe en su parcela de arena y es objeto de su curiosidad, de sus filias y de sus fobias. La hermosa estampa de una joven madre con su hija y una muñeca vieja de la que no se separa ha sido el foco de su atención en contraste con el resto del clan, de belleza más ruda y primitiva. Un gesto impulsivo y difícil de explicar, el no saber enmendarlo a tiempo y un, si no morboso, sí obsesivo interés que acaba resultando recíproco entrecruzan breve, pero intensamente, las vidas de la joven madre y de la ahora infértil Leda. Al hilo de esta relación revisa la suya con sus hijas, su sobreesfuerzo en los primeros años, su huida, su incapacidad como modelo a seguir. La muñeca desaparecida como inequívoco símbolo de aquello a lo que las niñas se aferran, espejo invertido de lo que de ellas se espera, y la frustración que puede nacer de una pérdida o de un acto irreflexivo e inexplicable acaban enredando a la propia Leda con el presente y el pasado, con su progenie y el nuevo entorno social, con su propio protagonismo mal asumido y su deseo de reconocimiento.

      Es de nuevo una novela de alta intensidad y, como tal, encierra una herida aguda, interna, profunda. Una herida punzante, como hecha por un alfiler largo, de esos con los que se sujeta un sombrero.

      Son unas crónicas abiertamente interiores, sin cronotopo definido, podrían darse en cualquier lugar o tiempo, aunque se sientan vecinas por el asfixiante y preciso entorno de cada una de ellas. El detonante es siempre una separación, los hechos son breves, transcurren en pocos días, la protagonista ha de encontrarse consigo misma y afrontar los recuerdos y el miedo, la decepción, el desconcierto, la esperanza…, y resolver la situación. Son una inmersión en la vulnerabilidad, en la fragilidad de las certezas y de los sentimientos narrada con una extraña sencillez, precisa y acorde a cada caso. Poliédrica y reconcentrada con la madre; vertiginosa y crispada en la mujer abandonada; contradictoria, misteriosa, irónica, abierta, absurda, perfectamente asumible… La hija oscura.

      De obligada lectura. Así lo dijo José María Guelbenzu en una reseña sobre estas Crónicas que le leí hace tiempo. Le hice caso. Siempre se lo agradeceré.