A contrapelo de J.-K- Huysmans

Huysmans, hijo de padre neerlandés y madre francesa, nace en París en 1848. Forma parte, junto a Guy de Maupassant y otros, del círculo más próximo a Zola, siendo un naturalista convencido hasta que en 1884, tras una crisis nerviosa y después de un retiro en Fontenay-aux-Roses y una estancia en el castillo de Lourps, publica la obra que nos ocupa, obra que originaría su alejamiento del maestro. Y como su título indica, es una obra a la contra. Lo de A contrapelo, opción del traductor para la cual sus razones tendrá, no me parece una expresión ni acertada ni acorde con el lenguaje, la exquisitez y el fino humor que destila Huysmans. A raíz de esta obra, uno de los muchísimos autores en ella mencionados, el católico Barbey d’Aurevilly que aún no lo conocía, escribió:: Aprés un tel livre, il ne reste plus à l’auteur qu’à choisir entre la bouche d’un pistolet ou les pieds de la croix*. Y veinte años después, el propio Huysmans le reconoce el acierto en un interesante prefacio donde, a pesar de su ya profunda religiosidad, subscribe mucho de lo escrito, aunque hay algunos capítulos que, bien por sacrílegos, bien por poco respetuosos con el sexto mandamiento -este, casual e involuntariamente no es otro que el capítulo VI- no suprime, mas sí rechaza. En esta relectura el autor observa, diseminadas, las semillas de sus futuras obras y, cualquier avezado lector, encontrará también un venero de fórmulas y corrientes literarias que fluirán en adelante y que van desde la memoria a través de los sentidos de Proust, a la ruptura y el desgaste del relato por la reiteración de los argumentos que rondará y ronda a novelistas del XX y XXI, el venidero Oulipo y sus exhaustivos y juguetones afanes y listados, el aburrimiento existencial sartriano, etc.

     De su periodo de descanso toma Joris Karl -nombre que adoptó como escritor pues en verdad el suyo era Charles Marie George- el castillo de Lourps para cuna del protagonista, Des Esseintes, último de una estirpe feudal en sus estertores finales, y Fontenay, como el lugar de retiro elegido por el mismo Des Esseintes dado su hastío hacia una sociedad harto y profundamente frecuentada. Tras una breve presentación, el autor procede con la novela que, a excepción de un hilarante viaje a Londres sin salir de París, va a desarrollarse en el nuevo hogar del aristócrata y girará sobre…, sobre sí misma, que viene a ser, sobre la casa, las manías del morador, su concepto de…, sus conceptos en general, tanto decorativos, como sociales, literarios, musicales, teatrales… Y hay, sin duda, quien piense, pues menudo peñazo. Dicho así, como lo he dicho, pues puede parecerlo -sobre todo a quienes busquen películas de acción escritas-, pero nada más lejos. Valiéndose de algunos de los principios naturalistas, la descripción del hogar que pergeña este misántropo es absolutamente pormenorizada, con un lenguaje preciso, radicalmente exhaustivos y, si no técnico, sí muy especializado. Su ética no se ciñe a nada, todo pasa por el carácter elitista y neurótico del protagonista y algunos de sus juicios y acciones son francamente reprobables -y ¿a qué negarlo?, finamente tronchantes-. Toda esta armería subscrita junto a su gran futuro examigo Zola, la vuelve Huysmans contra, sobre todo, la execrable vulgaridad en la que la persona, o mejor dicho el hombre sensible -no la mujer, uno de los motivos de que el efectivo y, a veces, acertado Houellebecq lo tenga en tan altísima estima-, como decía, la abominable ordinariez a la que él, sumamente exquisito, debe enfrentarse. Y en su ardor por los inventarios, comienza por los escritores latinos considerados, en sus tiempos, como decadentes, y, en su reivindicación de todo aquello que va contracorriente, el término decadencia gira sobre sí mismo para convertirse en la panacea. De educación laica, Huysmans, hace a Des Esseintes alumno de los jesuitas y defensor de su inteligencia formadora en tiempos en los que los jesuitas son alejados de la enseñanza en Francia -el propio autor hubo de renunciar a escribir en un revista que los defendía, si quería conservar su trabajo como funcionario-. Pasa también revista a los escritores católicos, a los laicos -¡Ah, Baudelaire y Poe, Verlaine, Mallarmé! Los malditos por excelencia. Rimbaud y Laforgue faltan por no haber publicado todavía-. El culto al artificio y al maquillaje se despliega por cada habitación de la casa, por cada uno de sus sentidos -para la vista, elegir los colores dependiendo de las luces y él prefiere la noche; las flores cuanto más artificiosas parezcan, más bellas; los perfumes de esencias lejanas, etc.- Todo envuelto en un hipocondría creciente, una abominación social, un horror a la promiscuidad sea esta de la carne o del gusto: Goya, Rembrant, se vuelven banales por su aceptación generalizada, los conciertos profanos prohibidos por el contacto con la plebe… Y Schopenhauer que aquí le gana la partida con su pesimismo a la religión, superbe legende, -más adelante la perderá- y su concepto del amor, que Des Esseintes no recoge, pero recrea con el recuerdo de su obsesión por la acróbata Urania. Es una obra relativamente corta, pero, créanme, inagotable. Cada capítulo es una fuente de información y de deformación, en el sentido del título, dándole la vuelta, re-formando, re-componiendo. Un placer que, por su profusión y su hilo apenas hilvanado, permite caerle encima en cualquier momento. Una gozada, con la risa bajita, retrancosa, sorprendida, admirativa. Ese capítulo de la tortuga, ese penúltimo capítulo, ese capítulo VI, ese final del segundo capítulo, ese… Imposible de resumir, si bien su desesperanza se pueda entender en frases como C’était le grand bagne de l’Amerique transporté dans notre continent**. Lo que en algún punto él, Huysmans – Des Esseintes -que también dicen, decían tenía mucho del aristócrata, poeta y simbolista Robert de Montesquiou-, lo que abomina como la aristocracia del dinero.

      Si son buenos o buenas lectoras, no dejen de hincarle el diente. ¡Ah, y si les gusta Buñuel, tampoco! Y si hay autores, cuadros, flores, olores, piedras preciosas, etc. que desconocen, búsquenlos, descúbranlos, disfrútenlos.

*Tras semejante libro, al autor tan sólo le queda elegir entre la boca de una pistola o los pies de la cruz.

**Es la gran mazmorra americana trasladada a nuestro continente.

2 comentarios en “A contrapelo de J.-K- Huysmans

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